EL JUICIO DEL CUIDADO DILEMAS DEONTOLÓGICOS Y PRAXIS LEGAL EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA DEL PERSONAL DE SALUD
DOI:
https://doi.org/10.47606/ACVEN/ACLIB0112Resumen
Vivimos tiempos donde, quizá como refiere Kant en la Crítica de la Razón Pura, nos sentimos perplejos. Nos distan más de dos siglos con Kant, pero al final de cuentas, podemos decir que nuestra crisis se parece mucho a la de su tiempo. Nos queda difícil saber qué es verdad y distinguirla de aquello que no lo es.
Y no solo porque nuestra opinión pública haya, en términos generales, acabado con toda elemental ética comunicativa: al final se imponen las narrativas de quienes pueden sostener las pautas; sino porque, además de ello, hoy lo propiamente humano, aquello que nos hace y nos distingue del resto, la fuente de nuestra dignidad universal no siempre es clara para todos o aceptada por las mayorías que toman decisiones.
Nuestra dignidad, aquello que somos, en no pocas ocasiones es relativo y contingente.
En estas circunstancias un trabajo académico, rigurosamente concebido, que nos propone considerar el cuidado en el contexto clínico, no solo es pertinente para quienes pertenecen a las áreas de salud.
Su importancia es general en la medida en que nos sitúa frente al cuidado como elemento constitutivo de nuestra condición humana y desde donde podemos pensar nuestra condición en sentido amplio.
Y es que hablar del cuidado es, de acuerdo con algunos autores, referirse a una forma de ser que está en el origen mismo de nuestra civilización. Entre ellos destaca la famosa antropóloga Margaret Mead, quien, ante la pregunta de sus estudiantes por el primer signo de progreso en nuestra cultura, señaló que este era un fémur roto y luego sanado.
La investigadora explicó que, en el mundo animal, si te rompes una pierna, mueres. Por su parte, un fémur curado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo para quedarse con quien cayó, ha vendado la herida, lo ha llevado a un lugar seguro y le ha ayudado a recuperarse. Ella concluyó que ayudar y cuidar a alguien en las dificultades es el punto exacto donde comienza la civilización (Ira Byock).
En consecuencia, reflexionar sobre el cuidado es volver nuestros ojos a una forma de ser que a veces parece estar en riesgo y que debemos proteger no solo en nuestra praxis profesional, sino en nuestra forma integral y general de existir.
Cultivar el cuidado no solo garantiza una mayor calidad en nuestro servicio como actores de un sistema de salud humano y cálido, sino que constituye la condición misma de nuestro futuro como sociedad y comunidad política, fundamentada en los valores esenciales de las democracias modernas.
PhD (c). Diego A. Jiménez Bósquez
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