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Disforia de Género en la era de la Ideología: Consecuencias del mal uso de conceptos y sus implicaciones clínicas
Gender dysphoria in the era of ideology: consequences of the misuse of concepts and their clinical implications
https://doi.org/10.47606/ACVEN/PH0321
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Salvatore Giuseppe Gullo Rodríguez1*
Recibido: 20-09-2024 Aceptado: 11-12-2024
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La disforia de género es un fenómeno complejo, marcado por el malestar profundo al experimentar una incongruencia entre el sexo biológico determinado y la identidad de género. Su comprensión ha sido afectada por las perspectivas de la teoría queer, que interpreta el género como una construcción cultural fluida y desvinculada del sexo biológico. Esta perspectiva, fundamentada en un constructivismo extremo, promueve la concepción de que la identidad de género es completamente autodeterminada, lo que ha generado confusiones epistemológicas y consecuencias clínicas significativas. Desde una perspectiva epistemológica, al definir la ideología como la percepción subjetiva de ideas, subraya cómo estas pueden diferir de la realidad objetiva. Aplicado al debate sobre género, su enfoque resalta el riesgo de malinterpretar conceptos al desligarlos de sus bases científicas. La tergiversación del término "género" como categoría exclusivamente subjetiva ha contribuido a la patologización de experiencias transitorias y a la medicalización temprana, especialmente en menores. Al privilegiar la autoidentificación, contradice principios clínicos establecidos en manuales como el DSM-4-5 y el CIE-10-11, que reconocen la disforia de género como una condición que requiere evaluación contextual y rigurosa. Esto ha llevado a la promoción de intervenciones rápidas, como bloqueadores de la pubertad o cirugías irreversibles, desestimando factores psicológicos, sociales y biológicos. Además, la exclusión de perspectivas críticas y la imposición de enfoques ideológicos han polarizado el debate público y generado riesgos éticos y clínicos. Retomar el análisis epistemológico es esencial para abordar la disforia de género de manera multidimensional y ética.
Palabras clave: Disforia de género, teoría queer, ideología, género, epistemología.
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1. Universidad Continental – Campus Huancayo.
* Autor de correspondencia: sgullo@continental.edu.pe
Gender dysphoria is a complex phenomenon, characterized by profound distress resulting from an incongruence between biological sex and gender identity. Its understanding has been influenced by queer theory perspectives, which interpret gender as a fluid cultural construct detached from biological sex. This perspective, rooted in extreme constructivism, promotes the notion that gender identity is entirely self-determined, leading to epistemological confusion and significant clinical consequences.From an epistemological standpoint, ideology can be defined as the subjective perception of ideas, highlighting how these may differ from objective reality. Applied to the gender debate, this approach underscores the risk of misinterpreting concepts when they are detached from their scientific foundations. The distortion of the term "gender" as an exclusively subjective category has contributed to the pathologization of transient experiences and the premature medicalization of individuals, particularly minors. By prioritizing self-identification, this perspective contradicts established clinical principles outlined in manuals such as the DSM-IV, DSM-5, and ICD-10-11, which recognize gender dysphoria as a condition requiring rigorous and contextual evaluation. This shift has led to the promotion of rapid interventions, such as puberty blockers or irreversible surgeries, while disregarding psychological, social, and biological factors. Moreover, the exclusion of critical perspectives and the imposition of ideological frameworks have polarized public debate and introduced ethical and clinical risks. Reintegrating an epistemological analysis is essential for addressing gender dysphoria in a multidimensional and ethical manner.
Keywords: Gender dysphoria, queer theory, ideology, gender, epistemology.
La disforia de género se ha convertido en un tema de creciente interés debido a su complejidad, que abarca dimensiones psicológicas, sociales y filosóficas. Este fenómeno, caracterizado por el malestar significativo al percibir una incongruencia entre la identidad de género y el sexo determinado al nacer, plantea importantes desafíos para su comprensión y abordaje. Si bien los avances científicos y médicos han permitido establecer criterios diagnósticos y estrategias de intervención, el debate en torno a su manejo está profundamente influenciado por posturas ideológicas y marcos teóricos, especialmente los derivados de la teoría queer. La teoría queer ha introducido un enfoque que considera tanto el género como el sexo como construcciones fluidas y performativas, lo que ha generado un giro conceptual significativo.
Este marco, al priorizar la autoidentificación sobre análisis contextuales o biológicos, ha dado lugar a debates polarizados y críticas fundamentadas. Los detractores de este enfoque señalan los riesgos de desatender factores psicológicos, sociales y culturales en el tratamiento de la disforia, así como las posibles implicaciones éticas y médicas de intervenciones tempranas, especialmente en menores.
Por otro lado, conceptos fundamentales como "ideología" y "género" han evolucionado históricamente, a menudo siendo utilizados de manera imprecisa en el discurso público. Retomar sus bases epistemológicas y su desarrollo es crucial para evitar simplificaciones o tergiversaciones. Este análisis crítico es esencial para abordar la disforia de género desde una perspectiva equilibrada y multidimensional, que contemple tanto las experiencias subjetivas como las realidades clínicas y socioculturales, promoviendo así respuestas éticas y científicas.
Es un fenómeno que ha ganado relevancia en los últimos años debido a su complejidad psicológica, clínica, social y filosófica. Este término se refiere al malestar significativo que experimenta una persona al percibir una incongruencia entre su identidad de género y el sexo determinado al nacer. Si bien este fenómeno requiere una comprensión científica rigurosa y una atención ética desde las disciplinas médicas, psicológicas y sociales, su interpretación y manejo han sido profundamente influenciados por el marco conceptual de la teoría queer, el cual ha generado debates sobre la legitimidad epistemológica de los enfoques afirmativos y su relación con la construcción cultural del género. Para abordar esta problemática, resulta fundamental analizar el concepto de ideología, tanto desde su etimología como desde su base epistemológica, y contrastarlo con el término género, entendiendo cómo su mal uso dentro de ciertos discursos puede contribuir a tergiversaciones de fenómenos complejos como la disforia de género.
Como término, encuentra sus raíces en el griego y el latín. Etimológicamente, proviene de las palabras griegas idéa (ἰδέα), que significa "forma", "apariencia" y “percepción”, y logos (λόγος), que se traduce como "estudio" o "discurso". Originalmente, el término designaba el "estudio de las ideas" y fue introducido formalmente en el siglo XVIII por el filósofo francés Destutt de Tracy (1801 Elementos de Ideología) en francés Éléments d'idéologie, empieza su tratado sosteniendo la importancia de las ideas, pues las define como parte del pensamiento; pero al mismo tiempo relaciona la idea con una percepción que surge en el propio entendimiento que es subjetivo y afirma que este es una facultad que permite concebir la idea del propio modo de pensar y que puede diferir de la realidad. Entonces en este contexto las ideas, son reflejos subjetivos del pensamiento, moldeadas por la percepción individual, lo que subraya cómo nuestra comprensión puede distorsionar o reinterpretar la realidad.
En esta línea, el autor subraya que la facultad de pensar consiste en aquella capacidad natural que tenemos de percibir una multitud de impresiones, de modificaciones y maneras de ver, que pasan dentro de nosotros y de las cuales tenemos un sentimiento íntimo, es decir, una advertencia interior de lo que pasa en nosotros. Todas estas afecciones interiores de nuestro ser pueden comprenderse bajo la denominación general de ideas o percepciones" (Destutt de Tracy, 1801, pág. 28).
El texto destaca cómo el pensamiento surge de la capacidad natural de percibir y reflexionar sobre nuestras experiencias internas, convirtiendo impresiones y emociones en ideas que nos conectan con nuestra propia conciencia. De este modo, el estudio de las ideas no solo aborda su dimensión conceptual, sino también su carácter íntimo y subjetivo, ligado a la percepción y experiencia del entendimiento humano.
(Aguilar 2024) La ideología bajo una perspectiva psicosocial. Teoría y Crítica de la Psicología. El autor aborda la ideología desde una perspectiva psicosocial, resaltando cómo esta no solo constituye un sistema de ideas individuales, sino que está profundamente condicionada por factores sociales, históricos, políticos y culturales. Aguilar propone un enfoque crítico para entender la ideología como un fenómeno que refleja relaciones de poder y dominio, particularmente en el contexto de las sociedades poderosas contemporáneas. Argumenta que la ideología influye en la conformación de la subjetividad y las creencias de los sujetos, justificando estructuras sociales y económicas predominantes.
Basado en los postulados de Destutt de Tracy (1801), quien entendía la ideología como una "ciencia de las ideas" centrada en los procesos mentales individuales. La ideología es vista como una herramienta al servicio de las clases dominantes para perpetuar su hegemonía. Se destaca la necesidad de estudios interdisciplinarios para comprender la interacción entre lo psicológico y lo social en la formación de creencias y subjetividades.
Sin embargo, su evolución histórica ha alterado su significado, adoptando una connotación más crítica en los siglos XIX y XX. Para Karl Marx y Friedrich Engels (2007), la ideología representaba un conjunto de ideas o creencias que justifican y perpetúan las relaciones de poder existentes, distorsionando la realidad para servir a intereses dominantes. Desde esta perspectiva crítica, la ideología puede manipular los significados y producir narrativas que legitiman o perpetúan estructuras sociales específicas, algo que resulta crucial al analizar su impacto en los debates sobre género.
Género.
El término género tiene una etimología y evolución conceptual igualmente significativa. Derivado del griego genos (genoς), que significa "origen", "especie", "tipo" o “clase”, el concepto fue inicialmente utilizado en biología por Carl Linnaeus para clasificar organismos estableció un sistema de clasificación biológica que incluía la categoría de genos (género, en griego). Este término se utilizó luego por Ernst Mayr (1982) para agrupar especies a un grupo de organismos que puede cruzarse entre sí y producir descendencia fértil que compartían características comunes dentro de un sistema jerárquico binario que incluía reinos, clases, órdenes, géneros y especies.
El uso de "género" por Linnaeus se enfocaba estrictamente en la taxonomía biológica y no tenía ninguna connotación social o cultural como las asociadas al término en disciplinas como las ciencias sociales o la ideología de género. Su aplicación en biología sigue vigente como una herramienta para categorizar y organizar la diversidad de los organismos vivos.
Sin embargo, en el siglo XX, la noción de género se trasladó al ámbito de las ciencias sociales y la psicología, donde comenzó a referirse a los roles, comportamientos y expectativas asociadas culturalmente a los sexos biológicos. Es a partir de las décadas de 1970 y 1980, con el trabajo de John Money y Robert Stoller (1975 y 1985) cuando se hace una distinción entre sexo (como dato biológico) y género (como construcción cultural). Este cambio marcó un punto de inflexión en la forma en que se abordaban las diferencias y similitudes entre hombres y mujeres, abriendo el camino distorsionado para que el género se interpretara como un fenómeno social y subjetivo.
Epistemológicamente, la categoría de género tiene un potencial explicativo significativo cuando se utiliza para analizar las normas y estructuras culturales que influyen en las identidades y relaciones humanas. No obstante, su uso indiscriminado y su explotación dentro de la teoría queer han llevado a confusiones conceptuales. La teoría queer, basándose en el constructivismo social extremo, argumenta que tanto el género como el sexo son categorías fluidas y performativas, desligadas de bases biológicas. Esta perspectiva ha generado un giro ideológico en el abordaje de la disforia de género, promoviendo un enfoque que prioriza la autoidentificación subjetiva sobre cualquier otro análisis contextual o científico. Sin embargo, tal interpretación enfrenta críticas fundamentadas que subrayan sus riesgos ya que no tienen evidencia científica que lo respalde: la patologización de experiencias subjetivas, la medicalización temprana de menores y la imposición de un enfoque afirmativo como solución universal, desestimando las complejidades psicológicas y clínicas e interacciones socioculturales de cada caso.
El mal uso del concepto de género enmarcado en ideologías, en lugar de enfoques científicos, puede tener consecuencias significativas en el tratamiento y comprensión de la disforia de género. Por ejemplo, la difusión de narrativas simplistas que sostienen que el género es completamente autodeterminado puede trivializar las experiencias de disforia, reducirlas a una cuestión de elección individual y minimizar la necesidad de un acompañamiento psicológico riguroso. Además, estas interpretaciones ideológicas tienden a polarizar el debate público, relegando las perspectivas críticas al ámbito de la censura y deslegitimación.
En este contexto, es necesario retomar las bases epistemológicas de términos como ideología y género para esclarecer sus significados originales y su evolución, y así evitar la manipulación de estos conceptos. Esto permitirá abordar la disforia de género con un enfoque más crítico y multidimensional, que contemple tanto las implicaciones subjetivas como las realidades biológicas, psicológicas y culturales involucradas. Solo mediante una comprensión equilibrada y no ideologizada se podrán formular respuestas éticas y científicas a las complejas demandas de este fenómeno.
Al interpretar el género como una construcción completamente fluida y desvinculada del sexo biológico y determinado al nacer, se presentan riesgos significativos cuando se aplica indiscriminadamente a fenómenos como la disforia de género.
Este enfoque, que prioriza las nociones subjetivas de identidad por encima de los análisis científicos y contextuales, no solo ha generado confusión conceptual, sino que también tiene consecuencias perjudiciales en los ámbitos médico, psicológico y social. Estas contradicciones se hacen aún más evidentes cuando se contrastan las premisas de la ideología de género con los criterios establecidos en los principales manuales de diagnóstico, como el DSM-4 y 5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) y el CIE-10 y 11 (Clasificación Internacional de Enfermedades).
Cabe destacar que, aunque los manuales de diagnóstico han cambiado el nombre del trastorno a lo largo de sus diferentes ediciones, los criterios para el diagnóstico de la disforia de género han permanecido esencialmente consistentes. Esto resalta la continuidad científica en el abordaje de este fenómeno, en contraste con las interpretaciones ideológicas que intentan descontextualizarlo o simplificarlo excesivamente.
En el contexto de la disforia de género, Pérez Álvarez y Errasti (2022) “La psicología ante la disforia de género, más allá de la ideología queer”, realizan un análisis crítico sobre el manejo actual de este fenómeno, argumentando que ha quedado bajo la influencia de la ideología queer, lo que ha llevado a prácticas clínicas poco fundamentadas en la evidencia científica. Los autores sostienen que la autodeterminación de la identidad de género, basada únicamente en los sentimientos del paciente, ha desplazado enfoques multidisciplinarios que involucran evaluaciones psicológicas rigurosas y funcionales.
Según el artículo, la implementación de la terapia afirmativa como única opción aceptable ha generado consecuencias no previstas, como las transiciones médicas precipitadas y la emergencia de destransicionistas, es decir, personas que se arrepienten de haber iniciado un proceso de cambio de género. Los autores recomiendan que, al igual que en otros trastornos, la disforia de género debe abordarse mediante un proceso de evaluación integral, prudente y basado en la evidencia, antes de optar por intervenciones médicas irreversibles (Pérez Álvarez & Errasti, 2022).
Asimismo, los autores destacan que el aumento exponencial de la disforia de género, especialmente en adolescentes, debe ser analizado desde una perspectiva psicosocial, teniendo en cuenta factores como el uso de redes sociales, los procesos de contagio social y la existencia de trastornos comórbidos como la ansiedad, la depresión o el espectro autista. Este enfoque propone priorizar la exploración y el acompañamiento clínico para comprender la complejidad del fenómeno en lugar de adherirse de manera automática a intervenciones afirmativas.
Axel Kaiser, (2020) en "La Neoinquisición", critica duramente el impacto de la ideología de género en el debate público y en las prácticas sociales. Entre sus afirmaciones, señala que “esta ideología ha desestimado las bases biológicas del sexo para imponer un enfoque completamente subjetivo de la identidad de género. Kaiser enfatiza que priorizar la autoidentificación sin evidencia científica ha llevado a contradicciones éticas y prácticas, como la medicalización temprana e irreversible de menores basada únicamente en percepciones personales”.
Kaiser subraya que este fenómeno está impulsado por una corrección política que censura las perspectivas críticas y excluye el debate racional, lo que socava la libertad de expresión y fomenta un tribalismo ideológico incompatible con los fundamentos de la cultura occidental. Este enfoque genera, según el autor, un clima de censura que impide el análisis objetivo de fenómenos complejos como la disforia de género.
Kaiser (2020) afirma que el problema con la visión feminista que ve al género como una mera construcción social es que es ante todo ideológico. En otras palabras, el presupuesto central de todo el discurso de género es simplemente contrario a la evidencia científica más elemental y, en consecuencia, no se trata más que de una narrativa arbitraria que pretende avanzar posiciones de privilegio de grupos determinados y al mismo tiempo promover una agenda ideológica servil a esos intereses" (2020). "La perspectiva feminista que reduce el género a una construcción social ignora las bases científicas que demuestran componentes biológicos y evolutivos en las diferencias entre sexos. Esta postura pasa por alto la evidencia empírica, fomentando narrativas que distorsionan la realidad en favor de intereses políticos específicos, en lugar de buscar una comprensión objetiva fundamentada en datos científicos."
Recurriendo al psicólogo evolutivo Steven Pinker, Kaiser señala: "Muchas feministas atacan la investigación sobre la sexualidad y las diferencias sexuales", argumentando que "la política de género es una razón central por la que la aplicación de la evolución, la genética y la neurociencia a la mente humana sea amargamente resistida en la vida intelectual moderna"
Kaiser (2020) concluye que "es ese oscurantismo el que practican la escuela feminista hegemónica y aquellos que han comprado el discurso ideológico de que el género es una construcción social. Al hacerlo, son ellos quienes están creando un mundo peor". Esta afirmación de Kaiser refleja una crítica a la perspectiva que sostiene que el género es una construcción social, argumentando que dicha postura ideológica, al desatender o negar ciertas realidades biológicas o contextos históricos, contribuye a un "oscurantismo" que, según el autor, impide soluciones prácticas y efectivas a los problemas sociales. El autor plantea que este enfoque podría generar confusión y fragmentación en lugar de progreso, al privilegiar discursos ideológicos sobre el análisis objetivo y multifacético de las dinámicas sociales.
El término "género", originalmente utilizado para describir roles y expectativas sociales relacionados con el sexo, ha sido mal usado dentro de la ideología de género como una categoría enteramente subjetiva y autorreferencial.
Este giro conceptual, promovido especialmente por la teoría queer, desestima las bases biológicas del sexo y plantea que la identidad de género es completamente autodeterminada, incluso en ausencia de correlatos físicos o conductuales consistentes.
Este enfoque tiene consecuencias negativas porque:
Genera confusión en el diagnóstico: La interpretación fluida del género dificulta la evaluación clínica de la disforia de género, ya que reemplaza los criterios objetivos con narrativas subjetivas que pueden ser inconsistentes o transitorias.
Promueve narrativas simplistas: Al sostener que cualquier malestar relacionado con la identidad de género debe resolverse afirmando la percepción subjetiva del individuo, se trivializan las posibles causas subyacentes del malestar, como traumas, factores sociales o comorbilidades psicológicas.
El DSM-5 define la disforia de género como un malestar significativo y persistente que surge de la incongruencia entre el sexo que siente la persona y el sexo determinado al nacer. Este diagnóstico implica la necesidad de un análisis cuidadoso, considerando tanto factores psicológicos como sociales. De manera similar, el CIE-11 clasifica la disforia de género en la categoría de "condiciones relacionadas con la salud sexual", reconociendo que se trata de un fenómeno clínico que requiere atención especializada y contextualizada. Sin embargo, se infiere que, la ideología de género entra en contradicción con estos manuales al:
Desestimar el diagnóstico clínico: Desde la ideología de género, se tiende a considerar la disforia como una experiencia inherente a la diversidad humana, negando su dimensión clínica. Esto puede llevar a la despatologización excesiva y a la negación de intervenciones psicológicas que podrían beneficiar al paciente.
Promover el enfoque afirmativo universal: Contrario a las recomendaciones de los manuales, que sugieren explorar las causas y contexto del malestar, la ideología de género favorece intervenciones inmediatas, como la transición social o médica, sin una evaluación rigurosa.
Contradecir principios científicos: Mientras que el DSM-4 y 5 y el CIE-10 y 11 se basan en investigaciones científicas rigurosas para guiar sus clasificaciones, la ideología de género se fundamenta en constructos ideológicos que no tienen respaldo empírico.
Los manuales DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) y CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades) ofrecen guías clave para la identificación de trastornos mentales y de salud. Aunque ambos buscan un enfoque riguroso y científico, difieren en sus definiciones y descripciones, reflejando contextos culturales y propósitos específicos.
A continuación, se examina su enfoque hacia la disforia de género y su comparación con trastornos relacionados con la alteración de la imagen corporal, como la anorexia y la bulimia nerviosas, entre otros.
La disforia de género se define en el DSM-5 como un malestar significativo que surge de la incongruencia entre el sexo determinado al nacer y la identidad de género experimentada. Se incluyen criterios que abarcan aspectos psicológicos (malestar emocional) y conductuales (deseo de vivir como el otro sexo), exigiendo que los síntomas sean persistentes y causen deterioro funcional en ámbitos sociales, laborales o personales. Cambios: En el DSM-4, se denominaba "trastorno de identidad sexual" 302.6 y 302.85, y el DSM-V optó por "disforia de género" 302.6 (F64.2) y 302.85 (F64.1)
El CIE-11 lo clasifica bajo el capítulo de "condiciones relacionadas con la salud sexual" y la designa “incongruencia de género” (HA60 y 61). Y en el CIE-10 como “trastorno de la identidad de género” (F64) Los criterios son similares a los del DSM 4 y 5 enfatizando la persistencia del malestar asociado con la identidad percibida. Ambos manuales han cambiado el nombre y la categorización del trastorno, pero han mantenido criterios diagnósticos similares, exigiendo un análisis contextual y una evaluación psicológica profunda.
caracteriza por una distorsión de la imagen corporal, un miedo intenso a ganar peso y una restricción alimentaria severa. La percepción alterada del cuerpo es central para el diagnóstico.
Bulimia nerviosa DSM 5 307.51 (F50.2) CIE 11, 6B81: Aquí también hay un foco en la autoevaluación desmedida basada en el peso y la forma corporal.
La anorexia y la bulimia se clasifican en la categoría de trastornos de la conducta alimentaria. Similar al DSM, el CIE subraya la distorsión de la imagen corporal y el control excesivo del peso como componentes clave.
Diferencias: El CIE tiene un enfoque más amplio para incluir subtipos y manifestaciones culturales de los trastornos alimentarios.
Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) DSM 5, 300.7 (F45.22), CIE 11, 6B21.
En el DSM, el TDC se clasifica dentro del espectro de los trastornos obsesivocompulsivos. Implica una preocupación excesiva por defectos imaginados o mínimos en la apariencia física.
Al igual que la disforia de género, involucra un malestar significativo, pero en este caso, se enfoca en la percepción de defectos físicos más que en el género. En el CIE, el TDC también aparece en la sección de trastornos obsesivo-compulsivos, con énfasis en la persistencia en defectos imaginarios y las conductas repetitivas (mirarse en el espejo, evitar situaciones sociales).
Trastornos Somatomorfos:
Tanto el DSM como el CIE los incluyen como trastornos en los que los pacientes presentan síntomas físicos relacionados con un malestar psicológico. En este contexto, puede haber alteraciones en la percepción del propio cuerpo sin que existan causas médicas identificables.
Similitudes:
Alteración en la percepción del cuerpo: En ambos casos, la percepción del cuerpo juega un papel central (incongruencia de género o distorsión física).
Malestar significativo: la disforia de género al igual que los otros trastornos requieren que el malestar sea clínicamente relevante para justificar el diagnóstico.
Impacto en la funcionalidad: Tanto la disforia como los trastornos alimentarios/dismórficos afectan áreas clave de la vida del individuo.
El impacto práctico de la ideología de género en la disforia de género puede ser profundamente problemático:
Medicalización temprana e irreversible: La promoción de transiciones médicas rápidas en menores, basadas en la autoidentificación, puede llevar a intervenciones irreversibles como bloqueadores de la pubertad, terapias hormonales y cirugías, sin un análisis adecuado del contexto psicológico o social. Esto contradice el principio de "primero, no hacer daño" de la ética médica.
Patologización de la subjetividad: Al priorizar la autoidentificación como el único criterio válido, se corre el riesgo de patologizar experiencias transitorias de inconformidad con el cuerpo o el género, las cuales podrían resolverse mediante intervenciones no médicas.
Exclusión de perspectivas críticas: El dominio de la ideología de género en los discursos sociales ha llevado a la censura de enfoques alternativos, como terapias exploratorias, que buscan abordar las raíces del malestar sin precipitar la transición.
Efectos psicológicos a largo plazo: Estudios recientes sugieren que algunos pacientes que se someten a transiciones rápidas pueden experimentar arrepentimiento o continuar sintiendo disforia incluso después de los procedimientos. Esto pone en evidencia la necesidad de enfoques más integrales y menos ideologizados.
La disforia de género y los trastornos relacionados con la imagen corporal comparten la centralidad de la percepción subjetiva del cuerpo, pero divergen en su etiología, enfoque clínico y objetivos terapéuticos. Mientras que el DSM y el CIE reconocen la disforia de género como un fenómeno asociado con la identidad y el bienestar psicológico.
La metodología de este trabajo se fundamenta en un enfoque de reflexión teórica, basado en el análisis crítico de la literatura académica y científica disponible sobre la disforia de género, la teoría queer, la ideología de género y sus implicaciones clínicas. Para ello, se ha realizado una revisión documental de textos clave en epistemología, psicología clínica y bioética, con el fin de identificar los principales debates conceptuales y sus repercusiones en la práctica médica y psicológica. Asimismo, se han examinado los criterios diagnósticos establecidos en manuales como el DSM-IV, DSM-5, CIE-10 y CIE-11, contrastando su evolución con las tendencias actuales en la interpretación del género. La selección de fuentes se ha basado en su rigor académico, priorizando artículos indexados, estudios clínicos y textos de referencia en el campo de la salud mental. Desde una perspectiva epistemológica y crítica, el análisis se orienta a evaluar el impacto del uso ideológico de conceptos en la comprensión y abordaje de la disforia de género, señalando sus consecuencias en términos de medicalización temprana, riesgos éticos y distorsiones conceptuales.
La disforia de género es un fenómeno complejo que requiere un análisis integral, multidisciplinario y crítico para comprender sus causas y consecuencias desde los ámbitos biológico, psicológico, social y filosófico. El abordaje de esta condición debe partir de marcos científicos rigurosos, como los establecidos en el DSM y el CIE, que reconocen la existencia de un malestar significativo asociado con la incongruencia entre el sexo biológico determinado y la identidad de género percibida. Estos manuales subrayan la importancia de una evaluación contextualizada que considere factores como comorbilidades psicológicas y el entorno sociocultural.
Para comprender el trasfondo conceptual de la disforia de género, resulta relevante revisar los aportes de pensadores clave en la evolución de las ideas. Destutt de Tracy, con su enfoque sobre la ideología, aportó una visión crítica del pensamiento humano, al definir las ideas como percepciones subjetivas que pueden diferir de la realidad. Este análisis nos advierte sobre cómo las construcciones ideológicas pueden distorsionar fenómenos complejos, como el género, y alejarlos de una comprensión objetiva y científica.
Por otro lado, Carl Linnaeus y Ernst Mayr sentaron las bases para la clasificación biológica, destacando la importancia del sexo como un dato objetivo y biológico en la naturaleza. La evolución de sus aportes refleja la necesidad de mantener la biología como una referencia fundamental para evitar que conceptos como el género se desvirtúen hacia interpretaciones exclusivamente subjetivas.
Karl Marx y Friedrich Engels profundizaron en la crítica de la ideología, entendida como un conjunto de ideas que justifican relaciones de poder y distorsionan la realidad. Su visión crítica advierte cómo narrativas ideológicas pueden manipular debates sociales, como ocurre con la disforia de género cuando se prioriza la autoidentificación subjetiva sin evidencia científica ni evaluaciones rigurosas.
Comprender la disforia de género requiere retomar las bases científicas y epistemológicas aportadas por estos pensadores, evitando enfoques ideológicos que trivializan su complejidad. Solo mediante una perspectiva crítica y equilibrada será posible brindar respuestas éticas y efectivas, garantizando un abordaje basado en evidencia que respete la dignidad y bienestar de cada individuo.
Aguilar, C. A. (2024). La ideología bajo una perspectiva psicosocial. Teoría y Crítica de la Psicología, 20(1), 114-125.
Pérez, M., y Errasti, J. (2022). Psicología y disforia de género: más allá de la ideología queer. Artículos de psicólogos, 43(3), 185-
199. https://doi.org/10.23923/pap.psychol.3001
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