Factores de la violencia escolar: Una revisión sistemática de literatura

 

Factors of School Violence: A systematic literature review

 

https://doi.org/10.47606/ACVEN/PH0373

 

 

Irene Marely Ballena Alcantara[1]                Dilser Ivan Carrasco Huaman[2]
https://orcid.org/0000
-0003-2181-4647          https://orcid.org/0009-0008-6179-3207
balcantaraim@ucvvirtual.edu.pe
        dcarrascohu@unprg.edu.pe

 

Manuel Vidaurre Yerren2                                         Alonso Abedh Bocanegra Ancajima2

https://orcid.org/0000-0002-8021-4994          https://orcid.org/0009-0008-7555-2463

mvidaurrey@unprg.edu.pe                                      alonsoabedh95@gmail.com

 

 

Recibido: 11/07/2025                                                        Aceptado: 01/09/2025

 

 

RESUMEN

 

 

Este estudio tuvo como propósito identificar los factores que influyen en la violencia escolar y las estrategias efectivas para su prevención. En este sentido, se ejecutó una revisión sistemática de la literatura científica, por lo que, la metodología empleada consistió en una revisión sistemática cualitativa con análisis documental de artículos extraídos de bases de datos como Scielo, Web of Science y Dimensions, aplicando criterios de selección específicos para estudios sobre violencia escolar. Los resultados indican que los factores determinantes incluyen dinámicas familiares disfuncionales como la falta de apoyo emocional y los conflictos familiares, desigualdades socioeconómicas, ciberacoso, exposición a contenidos digitales violentos, problemas de salud mental, conflictos interétnicos y una cultura escolar que no es inclusiva. De esta forma, se evidencia como el ciberacoso se ha manifestado como un factor crítico durante la pandemia de COVID-19, afectando al 42.8% de los adolescentes, por ende, es necesario, la adopción de estrategias multidimensionales que integren todos los factores claves para la violencia familiar. 

 

Palabras clave: Violencia escolar, ciberacoso, dinámicas familiares, desigualdades socioeconómicas.

 

ABSTRAT

 

This study aimed to identify the factors contributing to school violence and to examine effective strategies for its prevention. A qualitative systematic review was conducted, involving documentary analysis of scholarly articles retrieved from databases including Scielo, Web of Science, and Dimensions. Specific inclusion criteria were applied to select studies focused on school violence. Findings indicate that key determinants include dysfunctional family dynamics such as lack of emotional support and persistent conflict socioeconomic inequalities, cyberbullying, exposure to violent digital content, mental health challenges, interethnic tensions, and non-inclusive school cultures. Notably, cyberbullying emerged as a critical factor during the COVID-19 pandemic, affecting 42.8% of adolescents. These results underscore the need for multidimensional prevention strategies that address the interplay of familial, social, and institutional factors contributing to school violence.

 

Keywords: School violence, cyberbullying, family dynamics, socioeconomic inequalities.

 

INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, la violencia escolar ha emergido como una preocupación notable en el ámbito educativo a nivel global, este fenómeno, que impacta a estudiantes de diversas edades y contextos, ha suscitado un interés creciente por parte de investigadores, educadores y responsables de políticas, quienes buscan entender sus causas y desarrollar estrategias efectivas para su mitigación, asimismo, la violencia escolar no solo tiene repercusiones negativas en el bienestar y el rendimiento académico de los estudiantes, sino que también plantea desafíos importantes para la convivencia y el clima escolar. 

A su vez, los estudios sobre violencia escolar se han centrado en factores intrínsecos al entorno escolar y familiar, por un lado, las investigaciones han destacado el papel crucial de las dinámicas familiares disfuncionales, como la falta de apoyo emocional y los conflictos en el hogar, como factores determinantes de la violencia escolar (Orozco et al., 2021). En tal sentido, el contexto escolar, incluidas las relaciones entre compañeros y la cultura institucional, ha sido identificado como un factor clave en la aparición y perpetuación de comportamientos violentos (Maharjan et al., 2022).

Con el avance de la tecnología y la globalización, nuevos factores han comenzado a desempeñar un papel significativo en la violencia escolar (Mejía et al., 2022; Avendaño-Porras et al., 2022), pues, la proliferación del ciberacoso y la influencia de las redes sociales han introducido dimensiones adicionales que complejizan la comprensión y la gestión de la violencia escolar, también los estudios recientes muestran que el entorno digital, exacerbado durante la pandemia de COVID-19, ha contribuido a un aumento en los casos de ciberacoso, afectando gravemente la salud mental de los adolescentes y generando nuevos desafíos para los sistemas educativos (Gan et al., 2022; Díaz-Téllez et al., 2022; Gohal et al., 2023). 

Ahora bien, la creciente diversidad cultural en las escuelas ha evidenciado la necesidad de tratar la violencia escolar desde un enfoque más inclusivo, asimismo, la ausencia de programas educativos que fomenten la integración cultural y la resolución de conflictos interétnicos puede agravar las tensiones y, por lo tanto, la violencia escolar (Zhu et al., 2021), este fenómeno indica que la violencia escolar no solo está determinada por factores individuales y familiares, sino también por el contexto cultural y social en el que se encuentran los estudiantes.

En este marco, la investigación se dirige a dos preguntas claves, ¿Cuáles son los factores o determinantes de la violencia escolar? y ¿Cuáles son las estrategias para la mitigación de dicha violencia?, donde el estudio busca abordar el vacío teórico existente al proporcionar una revisión sistemática de la literatura sobre los factores determinantes de la violencia escolar y las estrategias efectivas para su prevención y mitigación, ya que, la literatura existente abarca diversas perspectivas teóricas que contribuyen a la comprensión de la violencia escolar, teniendo en cuenta que la teoría de la salud mental y la teoría de la inteligencia emocional ofrecen marcos útiles para entender cómo los factores psicológicos y emocionales influyen en el comportamiento violento en las escuelas (Halliday et al., 2023; Moya et al., 2022), el análisis del entorno mediático y la cultura escolar destaca la importancia de la exposición a contenidos violentos y su impacto en la normalización de la violencia (Weisbrot et al., 2023; Muñoz et al., 2023). 

Por lo que, la relevancia del estudio recae en la comprensión teórica de los factores determinantes de la violencia escolar, sino que también ofrece una visión integral de las estrategias de intervención, debido a que la revisión sistemática realizada en este artículo proporciona un análisis que puede guiar a futuras investigaciones y a los responsables de políticas y prácticas educativas en la adopción de enfoques más holísticos y adaptados al contexto para la prevención de la violencia escolar.

 

METODOLOGÍA

El estudio se enmarcó en una metodología de tipo básica, también conocida como teórica, ya que permitió obtener información científica y analizarla con el fin de generar nuevos conocimientos basados en la investigación planteada en este estudio, con el objetivo de ser útil para las generaciones futuras. El diseño fue cualitativo y de revisión sistemática, ya que este influye en otras investigaciones para reunir información generada en la teoría sustantiva o en la metodología sobre un tema de estudio ya establecido en ellas.

La técnica aplicada fue el análisis documental, que ayuda a obtener información, analizarla y presentarla de manera diferente a la original en función de un contexto específico. Por su parte, la recolección de datos se realizó mediante una ficha y, a su vez, se realizó un análisis de estos para plasmar los datos extraídos de: Scielo, Web of Science, Dimensions, de acuerdo con el periodo establecido. Primero, se realizó una búsqueda aleatoria de artículos, revistas e investigaciones para recopilar información utilizando palabras clave relacionadas con el tema de estudio previamente definido, en segundo lugar, se filtró toda la información adquirida donde se seleccionó solo la información útil para cumplir con los objetivos de la investigación y, por último, se realizó una síntesis de los datos recopilados que permitió obtener información sobre el estudio.

Es importante señalar la esencialidad de los aspectos éticos aplicados en la investigación, puesto que si se cumplió con los criterios básicos para su validez, como la credibilidad, que asegura la veracidad total del escrito, la cual se refiere a la recopilación de información precisa que ayuda a comparar con otros estudios, teniendo en cuenta la capacidad de confirmación, y los conceptos, hallazgos y resultados establecidos son neutros y pueden considerarse razonables y justos.

 

RESULTADOS

Los resultados se estructuraron para abordar las preguntas de investigación formuladas, centrándose en los factores que determinaban la violencia escolar y las estrategias efectivas para su mitigación. La investigación, por un lado, examinó los elementos que afectaban la violencia escolar, tales como las dinámicas familiares, las desigualdades socioeconómicas, el ciberacoso y la influencia de la cultura escolar, así como los medios de comunicación; y por otro lado, evaluó las estrategias más eficaces para prevenir y mitigar la violencia escolar, ofreciendo un marco que permite comprender mejor cómo intervenir de manera efectiva en distintos contextos y con variados enfoques. De esta forma, la revisión de la literatura indicó que existen diversas estrategias de gestión que se han implementado en empresas familiares para asegurar una transición generacional exitosa, por lo que, a continuación, se presenta los diferentes estudios sobre el tema (Figura 1). 

 

Figura 1 

Prevalencia de investigaciones y los factores determinantes de la violencia escolar.

 

Factores o determinantes de la violencia escolar.

 

Según Lee et al. (2021), las desigualdades socioeconómicas juegan un papel crucial en la manifestación de la violencia escolar. Su investigación señala que los estudiantes provenientes de entornos desfavorecidos tienden a experimentar y ejercer más violencia en comparación con sus pares de estratos más altos. Asimismo, el estudio destaca que la percepción de injusticia y marginalización dentro del entorno escolar puede exacerbar comportamientos agresivos entre los estudiantes afectados. Por su parte, Zhu et al. (2021) revelan que la falta de integración cultural y los conflictos interétnicos son factores predominantes que contribuyen a la violencia en las escuelas. Su análisis muestra que, en instituciones con alta diversidad étnica, la carencia de programas de inclusión y comprensión cultural puede llevar a malentendidos y tensiones que desencadenan actos violentos, además, subrayan que los estereotipos y prejuicios arraigados entre grupos estudiantiles aumentan la susceptibilidad a conflictos. A su vez, la investigación de Gan et al. (2022) enfatiza la influencia de las redes sociales y plataformas digitales en la proliferación de la violencia escolar. 

Halliday et al. (2023) analizan la correlación entre problemas de salud mental no tratados y la incidencia de violencia en las escuelas, revelando que los estudiantes con trastornos como la depresión o la ansiedad, que no reciben el apoyo psicológico necesario, tienen una mayor inclinación a participar en actos violentos, destacan que la estigmatización vinculada a la búsqueda de ayuda profesional contribuye a la subestimación y agravamiento de estos factores en el ámbito escolar, por otro lado, el estudio de Gohal et al. (2023) señala el ciberacoso como un factor determinante clave de la violencia escolar, destacando que su prevalencia es considerablemente alta, afectando al 42.8% de los adolescentes, los resultados también sugieren que los varones son más propensos a este tipo de acoso, especialmente durante la pandemia de COVID19, lo que representa un cambio en comparación con la literatura anterior y resalta la necesidad de abordar el uso de internet y la exposición a contenido violento como factores de riesgo críticos que contribuyen a la violencia en los entornos escolares.

Pereira et al. (2022) evidencian que la ideación suicida y una comunicación ineficaz entre padres e hijos están fuertemente vinculadas a la cibervictimización en adolescentes, destacan que la ausencia de una comunicación efectiva, especialmente con la figura materna, incrementa la vulnerabilidad de los adolescentes a ser víctimas de ciberacoso, lo que representa un factor significativo que contribuye a la violencia escolar, este descubrimiento subraya la relevancia del apoyo familiar en la prevención de la violencia. 

Por otro lado, Lin & Xiao. (2023) investigaron las tendencias paranoicas y su conexión con el ciberacoso, identificando que la desconexión moral actúa como un mediador en la inclinación de los adolescentes a llevar a cabo actos de violencia, incluido el ciberacoso. Este mecanismo psicológico facilita la justificación de conductas agresivas y contribuye a la perpetuación de la violencia en el ámbito escolar, lo que convierte a la desconexión moral en un determinante crucial en el estudio de la violencia escolar. Igualmente se enfatiza en el impacto de las redes sociales en el aumento de la violencia escolar, indicando que la exposición prolongada a contenido violento en estas plataformas puede incrementar la tendencia de los adolescentes a involucrarse en comportamientos violentos en el entorno escolar, la facilidad de acceso a contenido agresivo y la falta de supervisión parental son identificadas como factores clave que contribuyen a la normalización de la violencia entre los jóvenes (De Lima Dias, 2023).

El estudio llevado a cabo por Balas et al. (2023) y Comas Sánchez et al. (2025) pone de relieve el ciberacoso como un factor determinante esencial de la violencia escolar, particularmente en el contexto de la era digital. Los autores identifican que el creciente uso de internet y redes sociales entre los adolescentes está íntimamente relacionado con un aumento en los casos de ciberacoso, donde más del 42% de los adolescentes encuestados reportaron haber sido víctimas, el ciberacoso se manifiesta de diversas maneras, incluyendo el envío de mensajes ofensivos, el acoso en línea y la publicación de contenido degradante, siendo las chicas y los adolescentes mayores los grupos más vulnerables. 

Este fenómeno contribuye de manera significativa a la violencia escolar al intensificar problemas emocionales y psicológicos como la depresión, el estrés y la ansiedad, factores que agravan el entorno violento en las escuelas. Es por ello que, el estudio de Cheng et al. (2023) identifica el ciberacoso como un factor determinante importante de los trastornos alimentarios en adolescentes, los hallazgos muestran que la victimización por ciberacoso está asociada con una amplia gama de síntomas de trastornos alimentarios, tales como preocupación por el peso, comportamientos compensatorios inapropiados y episodios de atracones, esta asociación está respaldada por investigaciones previas que destacan la relación entre el ciberacoso, la baja autoestima y los comportamientos no saludables relacionados con el peso. 

Dichos autores amplían esta evidencia al mostrar que incluso en adolescentes tempranos, la victimización por ciberacoso puede predecir todos los síntomas de trastornos alimentarios según el DSM-5. Este hallazgo subraya la importancia del ciberacoso como un determinante significativo de problemas de salud mental y física en los adolescentes.

El análisis de Levine et al. (2022) ofrece pruebas de que el ciberacoso está notablemente vinculado a la suicidalidad en estudiantes de secundaria en EE. UU, los resultados indican que el ciberacoso aumenta el riesgo de suicidalidad, tanto de manera directa como indirecta, a través de la depresión, para ambos sexos, a diferencia de investigaciones previas, este estudio demuestra que la conexión entre ciberacoso y suicidalidad es significativa para ambos géneros, aunque se observan diferencias en la interacción con la violencia sexual, donde los varones que sufren ambos tipos de violencia muestran una mayor vulnerabilidad a la suicidalidad, subrayando cómo el ciberacoso y otros factores emocionales y conductuales contribuyen de manera importante a la violencia escolar al impactar la salud mental de los estudiantes, además Thai et al. (2022) muestra una alta incidencia de ciberacoso entre adolescentes vietnamitas, con una considerable proporción de estudiantes enfrentando diversas formas de este fenómeno, los autores señalan que, aunque la prevalencia de ciberacoso en Vietnam es menor que en EE. UU., sigue siendo significativa y ha aumentado en comparación con investigaciones anteriores en el país, la conexión entre el ciberacoso y la depresión en adolescentes se ha identificado como un factor determinante crucial de la violencia escolar, los estudiantes que sufren ciberacoso tienen una probabilidad notablemente mayor de presentar síntomas de depresión, lo que resalta la necesidad de implementar estrategias específicas para abordar el ciberacoso y sus repercusiones psicológicas, la ausencia de regulaciones claras sobre el ciberacoso en Vietnam agrava la situación, y la pandemia de COVID-19 ha intensificado el problema debido al incremento del tiempo en línea y el distanciamiento social. Esto sugiere que el ciberacoso es un elemento fundamental que contribuye a la violencia escolar y afecta de manera negativa la salud mental de los adolescentes.

El análisis de Levine et al. (2022) ofrece pruebas de que el ciberacoso está notablemente vinculado a la suicidalidad en estudiantes de secundaria en EE. UU. Los hallazgos indican que el ciberacoso aumenta el riesgo de suicidalidad, tanto de manera directa como indirecta, a través de la depresión, para ambos sexos. A diferencia de investigaciones previas, este estudio demuestra que la conexión entre ciberacoso y suicidalidad es significativa para ambos géneros, aunque se observan diferencias en la interacción con la violencia sexual, donde los varones que sufren ambos tipos de violencia muestran una mayor vulnerabilidad a la suicidalidad. Estos resultados subrayan cómo el ciberacoso y otros factores emocionales y conductuales contribuyen de manera importante a la violencia escolar al impactar la salud mental de los estudiantes.

El estudio llevado a cabo por Thai et al. (2022) muestra una alta incidencia de ciberacoso entre adolescentes vietnamitas, con una considerable proporción de estudiantes enfrentando diversas formas de este fenómeno, los autores señalan que, aunque la prevalencia de ciberacoso en Vietnam es menor que en EE. UU., sigue siendo significativa y ha aumentado en comparación con investigaciones anteriores en el país, la conexión entre el ciberacoso y la depresión en adolescentes se ha identificado como un factor determinante crucial de la violencia escolar, los estudiantes que sufren ciberacoso tienen una probabilidad notablemente mayor de presentar síntomas de depresión, lo que resalta la necesidad de implementar estrategias específicas para abordar el ciberacoso y sus repercusiones psicológicas, la ausencia de regulaciones claras sobre el ciberacoso en Vietnam agrava la situación, y la pandemia de COVID-19 ha intensificado el problema debido al incremento del tiempo en línea y el distanciamiento social, lo cual, sugiere que el ciberacoso es un elemento fundamental que contribuye a la violencia escolar y afecta de manera negativa la salud mental de los adolescentes.

Moya et al. (2022) analizan la relación entre el ciberacoso y las dificultades en la regulación emocional en adolescentes en Ecuador. Los hallazgos indican que una gran proporción de adolescentes ha sido víctima de ciberacoso, lo que se asocia con dificultades significativas en la regulación emocional. El estudio determina que el ciberacoso actúa como un predictor de problemas en la regulación emocional, resaltando la importancia de estos problemas en el contexto de la violencia escolar. El impacto del ciberacoso en la regulación emocional de los adolescentes, que incluye una afectación notable en la claridad y aceptación emocional, revela un vínculo entre el ciberacoso y problemas emocionales graves. Este hallazgo enfatiza cómo el ciberacoso contribuye a la violencia escolar al generar trastornos emocionales en los estudiantes. 

Asimismo, Maurya et al. (2022) señala que la victimización por ciberacoso es un factor determinante crucial en la violencia escolar, especialmente en el contexto digital. La investigación longitudinal encontró una fuerte asociación entre la victimización por ciberacoso y la aparición de síntomas de depresión y pensamientos suicidas en adolescentes y jóvenes adultos. Estos resultados están alineados con hallazgos previos que indican que el ciberacoso contribuye significativamente a problemas de salud mental, mostrando una prevalencia creciente de la victimización digital a medida que aumenta el uso de tecnología entre los jóvenes. La victimización por ciberacoso frecuentemente resulta en una mayor exposición a comportamientos negativos y problemas psiquiátricos, especialmente entre las mujeres y aquellos con características depresivas preexistentes.

En la investigación de Ndetei et al. (2024), se examina cómo el bullying, tanto en su forma presencial como cibernética, está vinculado a la suicidabilidad entre los estudiantes de secundaria en Kenia. Los resultados indican que el bullying en las escuelas secundarias continúa siendo un problema prevalente y significativo, contribuyendo a altos niveles de suicidabilidad entre los jóvenes, este estudio resalta la necesidad de implementar intervenciones multifacéticas que incluyan elementos familiares y comunitarios para abordar la violencia escolar y su conexión con el riesgo de suicidio, la investigación enfatiza la relevancia de considerar el bullying como un factor crucial en la suicidabilidad y la urgencia de desarrollar estrategias preventivas más efectivas, por otro lado, Álvarez et al. (2022) analizaron la relación entre el bullying, el ciberbullying y la autoestima en adolescentes colombianos. Los hallazgos sugieren que la baja autoestima está significativamente relacionada con el riesgo de ser víctima de bullying, y que la cibervictimización también se asocia con una autoestima disminuida. 

Aunque la relación entre la observación del bullying y el comportamiento agresivo no resultó significativa, el estudio subraya la importancia de la autoestima en la prevalencia de la violencia escolar, la baja autoestima puede ser un factor que contribuye al bullying y sus efectos negativos en la salud mental (Flores et al., 2020). Belmonte et al. (2024) indica que la inteligencia emocional (IE) juega un papel fundamental en la victimización escolar, la investigación evidencia que los adolescentes con baja IE son más susceptibles a ser víctimas de acoso escolar y ciberbullying, mientras que una mayor IE actúa como un factor protector. Además, la IE se relaciona con la habilidad para gestionar el estrés y la agresividad, mostrando diferencias significativas entre géneros, las chicas demuestran una mayor capacidad para manejar el estrés, mientras que los chicos presentan una mayor adaptabilidad en entornos académicos. 

Por su parte, Redondo et al. (2023) identifican diversos factores de riesgo vinculados a la cibervictimización, tales como la edad, el tiempo de uso de internet y la posesión de un teléfono móvil. La investigación resalta que el tiempo dedicado en línea y el uso de redes sociales son elementos significativos en la victimización por ciberacoso. A pesar de la controversia en torno al papel del género en la cibervictimización, los resultados sugieren que las mujeres suelen verse más afectadas emocionalmente por el ciberacoso, mientras que los hombres tienen una mayor probabilidad de llevar a cabo estos actos. 

Las investigaciones indican que las disfunciones familiares son uno de los principales factores que determinan la violencia escolar. A ante ello, Orozco Vargas et al. (2021) señalan que la falta de apoyo familiar y los problemas de comunicación son elementos significativos, mientras que Maharjan et al. (2022) identifican que la escasez de tiempo compartido con los padres y los conflictos familiares son riesgos importantes para la victimización por bullying. Los contextos socioeconómicos también desempeñan un papel fundamental: Gonçalves et al. (2024) destacan que los estudiantes provenientes de entornos empobrecidos están más expuestos a situaciones de estrés y a la normalización de conductas violentas, un hallazgo que coincide con el de Antoñanzas et al. (2022), quienes subrayan cómo las desigualdades sociales y económicas intensifican las tensiones entre los estudiantes. Rodrigues et al. (2019) respaldan esta relación, señalando una fuerte correlación entre la violencia escolar y el contexto socioeconómico de familias disfuncionales.

El ciberbullying se presenta como una dimensión crítica con características que lo diferencian del bullying tradicional. Donoso et al. (2021) hallan que la cibervictimización está íntimamente ligada a la ciberagresión, indicando que los adolescentes que sufren acoso en línea tienen una alta probabilidad de convertirse en agresores, generando un ciclo de violencia digital. Benítez et al. (2023) contrastan que, mientras el bullying tradicional se relaciona con variables físicas como el IMC, el ciberbullying se vincula más con variables conductuales y sociales debido al anonimato que ofrece el entorno digital, por su parte, Lucas et al. (2022) evidencian que la cibervictimización está más fuertemente asociada a problemas de salud mental en comparación con el bullying tradicional, mientras que Wachs et al. (2022) establecen una conexión directa entre el ciberacoso y la violencia física en el ámbito escolar, demostrando que los estudiantes que sufren ciberacoso tienen una mayor probabilidad de ser víctimas de acoso físico.

Los factores individuales y del ambiente educativo son igualmente determinantes, donde García-Fernández et al. (2018) identifican que variables personales como género, autoestima y factores contextuales como el ajuste social influyen significativamente en la agresión y victimización, Zeladita et al. (2020) confirman que el sexo y la edad son factores determinantes, con los varones mostrando mayor predisposición a la violencia. 

Bourou et al. (2024) relacionan los comportamientos agresivos con el bajo rendimiento académico y manejo inadecuado de la ira, mientras que Tian et al. (2023) señalan la falta de habilidades socioemocionales como factor clave, el entorno escolar también es crucial: Weisbrot et al. (2023) identifican que la cultura escolar y la falta de políticas efectivas perpetúan la violencia, coincidiendo con Baier et al. (2021), quienes revelan que escuelas con ambientes poco inclusivos experimentan mayores niveles de violencia, finalmente, Carretero et al. (2022) abordan cómo la percepción de "normalidad" justifica la violencia contra quienes son percibidos como "diferentes", mientras que varios autores (Muñoz et al., 2023; Mi et al., 2021; Aparecida et al., 2019) coinciden en que la exposición a contenidos violentos en medios contribuye a la normalización de comportamientos agresivos.

 

Estrategias contra la violencia para su mitigación

 

Figura 2. 

Efectividad de las estrategias contra la violencia según la bibliografía revisada.

 

 

 

Las estrategias de intervención familiar se presentan como elementos esenciales en la reducción de la violencia escolar, reconociendo la importancia del entorno familiar en la formación de patrones de conducta (Figura 2). Pereira et al. (2022) destacan la relevancia de mejorar la comunicación entre padres e hijos como una estrategia clave para prevenir la violencia escolar, recomendando el desarrollo de programas de capacitación para padres que fomenten la escucha activa y la comunicación abierta, lo que puede disminuir considerablemente los casos de cibervictimización y, por ende, la violencia en las escuelas. Orozco et al. (2021) aconsejan fortalecer el apoyo familiar y mejorar la comunicación entre padres e hijos como una estrategia fundamental para prevenir la violencia escolar, sugiriendo que las estrategias que involucren a las familias en la educación y que promuevan un ambiente familiar positivo son efectivas para reducir la violencia entre los estudiantes.

Los programas de capacitación para padres y el fortalecimiento de las competencias familiares constituyen estrategias clave para abordar los factores de riesgo desde su origen. Balas et al. (2023) enfatizan la importancia del apoyo social y la comunicación abierta como mecanismos eficaces para prevenir y mitigar el impacto del ciberacoso, revelando que las relaciones positivas entre padres e hijos, así como el apoyo de amigos y compañeros de clase, actúan como factores protectores, disminuyendo la probabilidad de victimización. Cassiani et al. (2022) proponen intervenciones centradas en la salud mental, como el acceso a servicios de apoyo psicológico y programas de prevención dirigidos a adolescentes en riesgo, especialmente aquellos con antecedentes de disfunción familiar o problemas de salud, destacando el fortalecimiento de la resiliencia y la educación sobre el manejo del estrés como estrategias cruciales. Tramontano et al. (2020) recomiendan el fortalecimiento de las redes de apoyo dentro de las escuelas, incluyendo la participación activa de los padres y la comunidad, como una estrategia eficaz para combatir la violencia escolar, enfatizando que una colaboración estrecha entre la escuela, los padres y la comunidad puede crear un entorno más seguro y cohesivo.

La implementación de programas de educación socioemocional constituye una estrategia esencial para cultivar las competencias necesarias que permitan a los estudiantes gestionar conflictos de forma constructiva. Belmonte et al. (2024) enfatizan la relevancia de integrar la inteligencia emocional en las estrategias de prevención del acoso escolar, sugiriendo que los programas educativos que promueven el desarrollo de habilidades emocionales pueden disminuir la prevalencia de la violencia escolar, mejorando no solo la adaptación y el manejo del estrés de los estudiantes, sino también fomentando un ambiente escolar más positivo. 

En esta misma línea, Lin & Xiao (2023) proponen que las intervenciones educativas que pongan énfasis en la responsabilidad moral y la empatía pueden ser efectivas para reducir la desconexión moral y, por ende, disminuir los comportamientos violentos en contextos escolares, sugiriendo la inclusión de temas relacionados con la ética y la moralidad en los currículos escolares como una estrategia preventiva. García-Fernández et al. (2018) destacan la necesidad de enfoques que aborden tanto los factores personales como los contextuales en la mitigación de la violencia escolar, sugiriendo que los programas educativos deben enfocarse en mejorar el ajuste social y normativo entre pares y fomentar habilidades sociales y emocionales. Tian et al. (2023) subrayan la importancia de desarrollar habilidades socioemocionales como una estrategia clave para prevenir la violencia escolar, argumentando que la capacitación en el manejo de emociones y la resolución de conflictos puede reducir significativamente la incidencia de comportamientos violentos.

En el ámbito digital, las habilidades de alfabetización digital y ciberseguridad se presentan como elementos fundamentales para prevenir el ciberacoso y sus repercusiones. Gan et al. (2022) destacan la importancia de establecer protocolos claros para abordar el ciberacoso y la violencia digital, sugiriendo la capacitación de estudiantes y docentes en alfabetización digital y el uso responsable de las tecnologías, así como la implementación de sistemas de monitoreo y reporte que faciliten una intervención oportuna ante casos de violencia en línea. 

Gohal et al. (2023) proponen que la creación de programas educativos que traten el uso seguro de internet y la concientización sobre el ciberacoso podría ser una estrategia eficaz para reducir la violencia escolar, fomentando habilidades digitales y el fortalecimiento de la supervisión parental como medidas preventivas clave. Redondo et al. (2023) enfatizan que las intervenciones efectivas contra el ciberbullying deben centrarse en disminuir el tiempo de uso de internet y en promover comportamientos seguros en línea, sugiriendo que la educación sobre el uso responsable de las redes sociales y el desarrollo de habilidades para manejar situaciones de acoso en línea pueden ser estrategias efectivas. 

Donoso et al. (2021) argumentan que el desarrollo de competencias digitales de seguridad y la promoción de estrategias de protección personal son esenciales para combatir la cibervictimización, recomendando la integración de estas competencias en los programas educativos, así como la promoción de un uso equilibrado y seguro de internet. Cheng et al. (2023) sugieren que las estrategias de prevención e intervención deben enfocarse en enseñar a los adolescentes a manejar los comentarios negativos en línea y fomentar la alfabetización digital, apoyando la implementación de programas educativos para prevenir el desarrollo de trastornos alimentarios y ciberacoso.

De esta forma, la inclusión de servicios de salud mental accesibles en el ámbito escolar es esencial para tratar las causas subyacentes de la violencia y ofrecer el apoyo adecuado a los estudiantes. Halliday et al. (2023) enfatizan la relevancia de integrar servicios de salud mental accesibles en las escuelas, sugiriendo la presencia de profesionales capacitados que proporcionen apoyo psicológico y emocional, además de proponer campañas de sensibilización que disminuyan el estigma relacionado con la búsqueda de ayuda. Cassiani et al. (2022) sugieren intervenciones enfocadas en la salud mental. Skilbred et al. (2020) proponen programas de apoyo psicológico para adolescentes que han sido víctimas de ciberacoso, así como medidas para evitar la participación en comportamientos de acoso. Riehm et al. (2021) aconsejan la incorporación de servicios de salud mental en las escuelas como una estrategia fundamental, subrayando la necesidad de programas de intervención temprana que identifiquen y aborden problemas de salud mental entre los estudiantes. Levine et al. (2022) destacan la importancia de tratar tanto el ciberacoso como la depresión al desarrollar estrategias para prevenir la suicidabilidad entre adolescentes, recomendando el fortalecimiento del apoyo emocional y conductual.

La adecuada preparación del personal docente es fundamental para la implementación efectiva de estrategias de prevención y manejo de la violencia escolar. Lee et al. (2021) subrayan la relevancia de la formación del personal docente en competencias culturales para abordar y mitigar los sentimientos de injusticia entre los alumnos. Moya et al. (2022) aconsejan la formación y capacitación tanto de estudiantes como de educadores para abordar los efectos emocionales del ciberacoso, Riehm et al. (2021) proponen la capacitación de docentes en la identificación de señales de problemas emocionales y en la implementación de técnicas de manejo de conflictos. La formación docente debe ser integral y continua, abarcando desde competencias técnicas hasta habilidades emocionales y culturales necesarias para crear ambientes educativos seguros e inclusivos.

El establecimiento de políticas claras y marcos regulatorios sólidos proporciona la estructura necesaria para la prevención y el manejo efectivo de la violencia escolar. Thai et al. (2022) sugieren que para mitigar la violencia escolar relacionada con el ciberacoso es crucial desarrollar políticas y regulaciones específicas. Weisbrot et al. (2023) enfatizan la necesidad de establecer políticas escolares claras y efectivas para la gestión de conflictos y la promoción de un ambiente inclusivo. Baier et al. (2021) destacan la importancia de crear ambientes escolares inclusivos con normas claras respecto a la convivencia, proponiendo programas de convivencia escolar que promuevan el respeto mutuo y la resolución pacífica de conflictos, así como la adopción de políticas disciplinarias coherentes y justas. Alvarado et al. (2020) sugieren la adopción de políticas escolares más estrictas y coherentes como medio para disuadir la violencia, señalando que la aplicación rigurosa de reglas claras y consecuencias para el comportamiento violento es crucial para mantener la disciplina y seguridad. Las políticas institucionales deben ser integrales, abarcando desde protocolos de prevención hasta procedimientos de intervención y seguimiento de casos de violencia escolar.

La creación de redes de apoyo sólidas que incluyan a toda la comunidad educativa es esencial para establecer un entorno protector y resiliente ante la violencia. Lucas et al. (2022) hallan que un alto grado de conexión entre los estudiantes puede mitigar de manera significativa los efectos adversos del ciberacoso, sugiriendo que las estrategias deben centrarse en fortalecer el sentido de pertenencia y cohesión en el ámbito escolar. 

Tramontano et al. (2020) aconsejan el refuerzo de las redes de apoyo en las escuelas, incluyendo la participación activa de los padres y la comunidad, subrayando que una colaboración estrecha entre la escuela, los padres y la comunidad puede generar un entorno más seguro y cohesivo. Ndetei et al. (2024) sugieren intervenciones amplias y comunitarias, que abarcan programas educativos en las escuelas, la implicación de los padres y esfuerzos de sensibilización comunitaria. Balas et al. (2023) destacan la relevancia del apoyo social y la comunicación abierta como mecanismos eficaces para prevenir y reducir el impacto del ciberacoso.

Las estrategias para reducir la violencia escolar requieren un enfoque multidimensional que combine intervenciones familiares, educativas, comunitarias y tecnológicas. En el ámbito familiar y educativo, Pereira et al. (2022), Maharjan et al. (2022), Balas et al. (2023) y Orozco et al. (2021) destacan la importancia de fortalecer la comunicación entre padres y el apoyo familiar como elementos esenciales, mientras que Lin  & Xiao (2023), Belmonte et al. (2024), Zeladita et al. (2020), Weisbrot et al. (2023) y Estrada et al. (2022) sugieren programas educativos enfocados en el desarrollo socioemocional, la inteligencia emocional y las habilidades para resolver conflictos. Lee et al. (2021), Gonçalves et al. (2024), Antoñanzas et al. (2022) y Ndetei et al. (2024) resaltan la relevancia de abordar la equidad socioeconómica y ofrecer apoyo a estudiantes en situación de vulnerabilidad, mientras que Zhu et al. (2021) proponen la educación intercultural como medio para prevenir conflictos interétnicos.

 

DISCUSIÓN 

La investigación sobre la violencia escolar muestra una evolución notable, pasando de factores tradicionales enfocados en dinámicas familiares a la inclusión de nuevos elementos como el ciberacoso y las redes sociales. Los estudios de Gan et al. (2022) y Gohal et al. (2023) evidencian cómo las redes sociales han facilitado la expansión de la violencia escolar, especialmente durante la pandemia de COVID-19, donde el ciberacoso se convirtió en un fenómeno central. Por su parte, los estudios de Cheng et al. (2023) establecen una conexión directa entre el ciberacoso y los trastornos alimentarios en adolescentes, mientras que Maurya et al. (2022) y Ndetei et al. (2024) amplían esta visión al centrarse en efectos psicológicos como la depresión y las tendencias suicidas. 

Al mismo tiempo, la literatura sigue subrayando la influencia crítica de las dinámicas familiares disfuncionales, donde Orozco et al. (2021) coinciden en que la falta de apoyo emocional y los conflictos en el hogar predisponen a comportamientos violentos. Maharjan et al. (2022) refuerzan esta visión, indicando que las disfunciones familiares se agravan al combinarse con desigualdades socioeconómicas. 

Las desigualdades socioeconómicas emergen como un factor clave en contextos multiculturales, donde Lee et al. (2021) y Zhu et al. (2021) destacan cómo estas desigualdades, junto con los conflictos interétnicos, contribuyen de manera significativa a la violencia escolar. Gonçalves et al. (2024) ofrecen una perspectiva más amplia, explorando cómo las dinámicas de poder y la cohesión social influyen en la manifestación violenta, sugiriendo que la interacción entre factores económicos y sociales es más compleja de lo que se había considerado anteriormente.

Las estrategias actuales incorporan un componente digital y tecnológico significativo, con Gan et al. (2022), Gohal et al. (2023), Cheng et al. (2023), Wachs et al. (2022), Redondo et al. (2023) y Donoso et al. (2021) sugiriendo programas de alfabetización digital y ciberseguridad para prevenir el ciberacoso, la creación de protocolos claros para la violencia digital y el desarrollo de habilidades de protección personal en línea. El marco regulatorio e institucional es tratado por Thai et al. (2022), Baier et al. (2021) y Alvarado et al. (2020), quienes sugieren políticas escolares definidas, sistemas de denuncia eficaces y marcos normativos consistentes. Lucas et al. (2022), Tramontano et al. (2020), Carretero et al. (2022) y Voltas et al. (2023) subrayan la relevancia de fortalecer redes de apoyo comunitario, trabajar con testigos y establecer programas de mediación escolar. Adicionalmente, Muñoz et al. (2023), Fregoso et al. (2020), Torres et al. (2020) y Ssenyonga et al. (2019) proponen controlar contenidos violentos en los medios, fomentar actividades extracurriculares constructivas y utilizar tecnologías de manera estratégica para la prevención. Por último, García-Fernández et al. (2018), Álvarez et al. (2022), Maurya et al. (2022) y Benítez et al. (2023) destacan la urgencia de un enfoque integral que contemple tanto factores personales como contextuales, incluyendo el fortalecimiento de la autoestima, la gestión del estrés y la intervención temprana en comportamientos problemáticos.

El análisis pone de manifiesto un cambio hacia una comprensión holística que incluye la salud mental y la justicia social como componentes preventivos esenciales. Halliday et al. (2023) y Moya et al. (2022) examinan la salud mental y la regulación emocional como factores clave en la prevención de conductas violentas, mientras que Belmonte et al. (2024) sugieren que la inteligencia emocional es fundamental para reducir el acoso escolar y el ciberacoso. La cultura escolar y el consumo de contenidos violentos también se identifican como factores que agravan la situación, donde Weisbrot et al. (2023) y Muñoz et al. (2023) argumentan que la exposición a contenidos violentos desensibiliza a los estudiantes, normalizando la violencia y creando entornos propicios para conductas agresivas. 

En términos de distribución geográfica, se observa una concentración significativa de estudios en países desarrollados como Estados Unidos y China, lo que es consistente con los hallazgos de Zhu et al. (2021) y Lin et al. (2023), aunque Ndetei et al. (2024) demuestra que la violencia escolar es igualmente relevante en países en desarrollo como Kenia. La principal contribución de este estudio radica en la integración de diversas perspectivas teóricas y metodológicas, destacando las dinámicas familiares, las desigualdades socioeconómicas, el ciberacoso y la salud mental como elementos clave, proporcionando una base sólida para desarrollar intervenciones educativas y políticas públicas orientadas a mitigar la violencia escolar, mientras que futuros investigadores deberían considerar múltiples bases de datos, enfoques metodológicos diversos y estudios longitudinales. 

 

CONCLUSIONES

Este estudio ofrece una perspectiva completa sobre los factores que determinan la violencia escolar, fundamentada en una revisión sistemática de la literatura actual. En respuesta a la pregunta general de investigación, se concluye que una comprensión integral de la violencia escolar exige una consideración multifacética que incluye factores familiares, socioeconómicos, digitales y culturales. La integración de estas dimensiones es esencial para el desarrollo de estrategias efectivas de prevención y mitigación.

Respecto a los factores determinantes de la violencia escolar, los resultados sugieren que la dinámica familiar, las desigualdades socioeconómicas y el ciberacoso son elementos clave que afectan la manifestación de la violencia en las escuelas. De esta manera, la revisión indica que las disfunciones familiares y la falta de apoyo emocional son fundamentales en la predisposición a comportamientos violentos, mientras que las desigualdades socioeconómicas y los conflictos interétnicos agravan el problema en contextos multiculturales. Además, la influencia del entorno digital, especialmente durante la pandemia de COVID-19, ha demostrado ser un factor crítico en el aumento del ciberacoso, que a su vez tiene diversos impactos negativos en la salud mental de los estudiantes.

Por último, la violencia escolar que abarca factores familiares, socioeconómicos, digitales y culturales brinda una base sólida para el desarrollo de estrategias de prevención más integrales y adaptadas a diferentes contextos. Este estudio enriquece el campo al proporcionar una síntesis exhaustiva que integra diversas perspectivas teóricas y metodológicas, estableciendo las bases para futuras investigaciones que examinen estas intersecciones en distintos contextos culturales y geográficos. La inclusión de múltiples bases de datos y enfoques metodológicos en investigaciones futuras es fundamental para obtener una comprensión más matizada y desarrollar intervenciones efectivas que respondan a las necesidades específicas de cada comunidad.

 

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[1] . Universidad Cesar Vallejo (UCV)- Perú      

[2] . Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo (UNPRG)-Perú Autor de correspondencia: balcantaraim@ucvvirtual.edu.pe